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viernes, 3 de diciembre de 2010

Herencia y destino. Ucronías disímiles.

Buenas. Soy Glú-glú-7. O como dicen ustedes en su ridículo sistema fónico: soy un pez. La razón de dirigirme a ustedes, humanos, en su despreciable sistema de comunicación es que me extingo. Bueno, yo, y todos los míos. Soy el último representante vivo de la especie más evolucionada e inteligente del sistema solar. El pez mendrugo, como lo llamaban ustedes. Hay que ver. Nosotros, que hemos hecho avances en todos los órdenes del conocimiento, que hemos descubierto miles de Universos paralelos, que hemos llevado las artes, las ciencias y las relaciones interpiscícolas hasta extremos de evolución tras los cuales sólo cabía la regresión a la estulticia. Nosotros, sabios entre sabios, practicantes de heroicas virtudes, cuya existencia discurrió íntegramente dedicada al estudio, a la contemplación de lo Absoluto, y a la capacitación personal. Que no hicimos nada material para no contaminarnos con la mediocridad. Nosotros, seres perfectos, maravillosos, íntegros y acuáticos. Nosotros nos extinguimos. En cambio ustedes, maldita raza de sub-ratas oligofrénicas que no hacen nada de provecho en todo el santo día excepto expeler metano. Ustedes, bestias inmundas que no tienen otro pasatiempo ni inquietud que fertilizarse unos a otros, y son miles de millones y ni uno sólo vale el metano que expele. Ustedes permanecerán.

Estas son las ironías del destino. Nosotros ya lo sabíamos, claro, que para eso éramos tan sabios. Pero jode lo mismo: el basto permanece, el fino se diluye. Asco de Universo.

¿Y para qué me pongo en contacto con ustedes, maldita sub-especie de macacos irracionales? Pues para transmitirles algo de mi inmensa ciencia. Que no perezca conmigo. Que haya al menos alguna sub-especie macacoide a quien le aproveche. No es la primera vez que les echamos una mano: ya le pasamos a los egipcios la fórmula de la pirámide. A Billy Wilder le chivamos el final de "con faldas y a lo loco". Y así siempre. Bueno, va, que me enrrollo y me muero y no acabo. A lo que iba. ¿Cuál es el sentido del Universo? Es muy fácil. Se trata de que... ¡AG!, me he tragado una espina, me ahogo, maldición, qué muerte más espantosa para el ser más inteligente de la Creación. Socoggggo...

(ilustraciones: vidrieras de vidrio pintado con colores de tercer fuego).

jueves, 2 de diciembre de 2010

Pedro el bueno, el lobo mejor y el Papa malo. Cuento y fresco.


Semiólogos de verbo fino y ajustado, eruditos de amplio espectro, aliòpatas, iconoclastas, especialistas en frenillo y lenguaje-reflejo, en fín, gente bien intencionada de todo el mundo se ha reunido en un congreso para reinvindicar la figura de Pedro, el pastorcillo del cuento de Pedro y el Lobo, aquel cabroncete que alarmaba a las gentes de su pueblo diciendo que venía el lobo y era mentira. Ya se sabe cómo sigue el cuento, un día llegó el lobo de verdad y nadie le creyó.

Pues bien, estos señores tan serios y tan sabios han demostrado tras semanas de revisión documental, explayación teórica y euristicación del patrimonio oral, que Pedro, el pastorcillo, no era malo ni mentiroso. Era un tartamudo estructural. Y así ha quedado todo aclarado: Pedro no era mentiroso, era un gracioso, aunque tartamudo estructural, de modo que cuando fue la primera vez al pueblo gritando que venía el lobo, simplemente estaba haciendo una gracia. Y las siguientes veces que lo dijo, en días sucesivos, no fueron mentiras propiamente dichas, sino reflejos involuntarios de ese tartamudeo estructural. O sea, que el pobrecillo, en lugar de tartamudear de seguido, lo hacía a ratos, un poco cada día. Y cuando cada día decía que venía el lobo en realidad era un trozo de tartamudeo residual de la primera vez que lo dijo.
Con lo cual ha quedado demostrado de forma irrebatible que Pedro era bueno. Un incomprendido, además.

Para el siguiente congreso se prevé rehabilitar la figura del lobo. Ya se han avanzado los trabajos preliminares que van en esa dirección y los argumentos son completamente irrebatibles. No es que el lobo sea malo, no, que era buenísimo. Es que cualquier padre responsable debiera ofrecer la mano de sus hijas al lobo antes que a cualquier reyezucho de ná.



A algunos, escépticos, nos sorprende esta ola de buenismo primisecular. Es que todo el mundo es bueno: buenos, malos, santos, asesinos, marcianos, alsacianos, mosquitos de la sarna... Todo el mundo es bueno. Menos el Papa. A ese hay que darle leña. ¿Porqué?

Esto no hay congreso mundial que lo resuelva.

(Ilustraciones: Pintura mural al fresco, esgrafiado.)

sábado, 20 de noviembre de 2010

Virtud, verdad y olvido.



Cuando el estrangulador de Alpedrete descubrió que era adoptado, su mundo se le vino abajo. La vida, tal como la había conocido, con sus valores sólidos y eternos, su albedrío voluntario, el crímen libre y organizado, la permanencia de lo Absoluto y la Inevitabilidad de lo Preestablecido, todo, todo se esfumó en la nada sin dejar rastro.


A semejanza del Quijote, se adentró en la sierra a hacer penitencia: rasgó sus vestiduras, hizo el pino, compuso versos malos y desesperados, comió hierbas y otras majaderías del género penitencial. No somos nada, todo es vanidad, dicen que dijo, antes de perderse entre los matojos para no volver jamás.

Se rumorea que lo han visto en Angola, dirigiendo un horfanato de hombres-mono. Otros aseguran que está en el Polo tratando de reconciliar al hombre con las focas. Hay quien asegura que uno que está en Filipinas arengando a los mandriles de un zoo se le parece bastante. Sea cual sea su paradero actual, todos están de acuerdo que no es la misma persona, que a través del desengaño ha llegado a la Virtud. Y que trabaja denodadamente por disminuir su huella personal de monóxido de carbono.

La Virtud tiene extraños caminos para manifestarse.



Técnica de las ilustraciones: pintura al fresco y esgrafiados sobre soportes murarios portátiles.


martes, 26 de octubre de 2010

Correción linguístico-sexista en la selva.

Jo, le dice el boo a la boa, desde que nos han corregido lingüísticamente, estoy como que no me encuentro, no se si me explico. Como que no soy yo mismo


- oye -pregunta, intrigada la boa-, si pasara a tu lado la Ministra de Igualdad ¿tú te la comerías?
- ¡toma, claro! -responde el boo-
- ¿después de todo lo que ha hecho por definirte con corrección?
- precisamente.

domingo, 17 de octubre de 2010

La Masa y la crisis. No cabrearse.

La Masa y el Maso se han casado. Han tenido Masitos y Masitas y viven en una masía. Mas no tienen luces, no han estudiado y trabajan en el negocio de la construcción. El Maso pone ladrillos y la Masa le amasa el mortero. Cuando el Maso se queda sin material le dice a la Masa: "Pásame masa". Ella, que no es lista, se revuelve y le contesta: "oye, que esta servidora tiene nombre, más respeto". El otro, que tiene aún menos luces y peor genio, se cabrea de que cada vez que él le pide masa ella le monte el pollo. Se pone verde y la lía. Ella se enoja, se cabrea más, verdea como una verdura supervitaminada y ála, a regañar. Comienzan a darse de puños, a tirarse columnas, arquitrabes, ménsulas, frontones. No dejan una cariátide ilesa. No queda ni un ladrillo intacto. Luego se les pasa el cabreo, pero ya es demasiado tarde. La casa ha quedado reducida a escombros y ellos han sido expulsados del trabajo.

Antes de la crisis se contrataba a cualquiera porque había trabajo para todos. Pero ahora la gente se lo piensa más, puede elegir y así pasa, que nadie les quiere contratar. Han decidido ir al siquiatra a ver si les puede rebajar su nivel de tensión y no andar todo el día poniéndose verdes unos a otros.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Bananilogio del metano. Babanilogio Bananivano.


La prestigiosa institución Cerdos Bordes, CB, no confundir con la ya decahída Cerdos Without Borders, CwB, (esto es: Cerdos sin Fronteras), ha convocado a los cerdos del mundo a su mundialmente aclamada Fiesta del Gas. El celebrado evento consiste en expeler la mayor cantidad de metano de la forma más creativa y sonora posible).

Metistóforo Arreoides es un cerdo del montón. De los que ni sienten ni parecen. Que ni fú ni fá. Preguntado por una periodista de su ciénaga si piensa asistir al evento, se ha encogido de hombros ( o de lomo, o de lo que se encojan los cerdos), y ha declinado concursar alegando que él nunca ha descollado en nada.

La mujer, que escucha resentida, no ha esperado más para zurrarle el ánimo:

- ¡ah ser vil y enanizambo! ¡somarro, más que somarro! ¡pues qué otra cosa eres sino una inmensa bola de metano!
- pero mujer, si yo lo que digo es que nunca he descollado en nada y...
- ¡nunca has descollado en nada bueno, que es distinto! Pero esto se trata de algo vil y zarrapastroso, y para eso tú vales tanto como el que más.

Metistóforo, por no sentir a su mujer se marcha al concurso, donde, aunque no gana, hace un digno papelón y acaba ganando otro que se le parece mucho en medianía y ningunedad.

Metistóforo es un cerdo de este mundo. De los que ni sienten ni parecen. De los que ni fú ni fá. Pero este mundo está echo para él. O por mejor decir, casi todos los que hay en este mundo son como él. En consecuencia, debería saber que lo mismo puede ganar un concurso del gas que ser presidente de un gobierno democrático. Son las cosas de las medianías. Benditas medianías.

sábado, 31 de julio de 2010

El irreductible espíritu de grandeza. Azote de enanos y aviso de tunos.



Una garrapata almizclera pasó por un campo de sandías. Caminaba espantada y anonadada bajo aquella selva de tan rigurosa como desproporcionada geometría. Paróse debajo de la sandía más grande, y aturdida por el prodigioso espectáculo, exclamó:

- ¡oh espectáculo soberbio! ¡que espantables riscos, que abominables precipicios, que terribles paredes vegetales elevándose hacia la inmensidad de las alturas celestiales... ! ¡en verdad que es causa de pasmo la superioridad con la que aquí se ha enseñoreado la Naturaleza!

Y allí mismo, bajo la sandía, concibió la más arriesgada y maravillosa aventura jamás soñada por garrapata alguna:

- ¡no ha nacido de garrapata la ídem capaz de concebir la tan inaudita como espantable idea de escalar estos inaccesibles riscos!

Y sin tiempo de serenar su ánimo con el comprender la imposibilidad de aquel esfuerzo, se agarró a la sandía y dedicó el resto del día a coronarla. La sandía era grande, y estaba cubierta todavía con los frescores del rocío, amén de otros innombrables peligros que hacía aún más temeraria la osadía de la garrapata.


No serían aún las horas nonas cuando aquel pequeño Aquiles logró alcanzar la cumbre del vegetal. Apareció entonces ante sus ojos el espectàculo más prodigioso que garrapata almizclera alguna hubiera presenciado jamás: decenas y decenas de aquellas cúpulas vegetales coronando el horizonte cual nueva Constantinopla. Supo entonces que su esfuerzo había merecido la pena y procedió a iniciar el descenso. Tenía que contar su hazaña para que se supiera. Inició el descenso, sabiendo que aunque lo que tocaba era bajar aquellos precipicios, lo que en realidad se disponía era a subir los altares de la gloria garrapatina.

Un pajarraco setibundo, al ver desde el cielo el campo de sandías, recordó ser hora de almorzar. Se posó sobre la sandía más grande, espachurrando, sin querer, entre sus patas a la garrapata.


No lejos de allí, en aquel mismo momento pasaba una garrapata almizclera por un campo de sandías. Espantada y anonanada bajo aquella selva de tan rigurosa como desproporcionada geometría, exclamó:

- ¡oh espectáculo soberbio! ¡que espantables riscos, que abominables precipicios, que terribles paredes vegetales elevándose hacia la inmensidad de las alturas celestiales... ! ¡en verdad que es causa de pasmo la superioridad con la que aquí se ha enseñoreado la Naturaleza!

Y allí mismo, bajo la sandía, concibió la más arriesgada y maravillosa aventura jamás soñada por garrapata alguna:

- ¡no ha nacido de garrapata la ídem capaz de concebir la tan inaudita como espantable idea de escalar estos inaccesibles riscos!

Y sin tiempo de serenar su ánimo con la imposibilidad de la empresa, comenzó a trepar.

sábado, 26 de junio de 2010

El pez poeta.


Loloberto, como pez, no es gran cosa. Es un pez de tantos. Las peceras, los ríos, los mares están llenas de tipos como él y nadie se tomará la molestia de escuchar qué se cuenta Loloberto. Como poeta, en cambio, es otra cosa. Tiene una voz personal forjada a un tiempo en la experiencia personal más desgarradora y el lirismo más exacerbado. Loloberto es un poeta cabal desde la cola hasta su última escama. Mas no hay nadie en el mundo capaz de apreciar su poesía. A ver quién es capaz, siendo poco menos que un pescado, de prestarle atención cuando clama un endecasílabo heroico de su invención, o se lía por sonetos desgarrados. La gente cree que lo que sale de la boca de Loloberto son burbujas de aire, o acaso algún desajuste gástrico. Pero no poesías. Los convencionalismos son así. Nos acostumbramos a ver en los demás un animal: un pez, un babuino, un cafre, un bosquimano... desdeñamos su vida interior porque, como no la conocemos, suponemos que ésta no ha de existir.



Lolofredo, que como pez es del montón, como poeta es menos que nada, pues aunque elevado y aúreo en sus versos, éstos salen a la superficie envueltos en burbujas que nadie jamás escrutará.

domingo, 20 de junio de 2010

Buenas intenciones.


- yo a ti -dice el gallino a la gallina- te voy a sacar de picar migajas en el suelo y te voy a poner piso en Alcalá.
- ¡a ver si es verdad! -clama la gallina, complacida-

Y se escapan del gallinero y echan a correr para Alcalá. O lo que el gallino se figura como tal.
- buá, tía -dice el lobo feroz a Caperucita- tú pasa de convencionalismos sociales, arrejúntate conmigo y ¡ála, a vivir a lo bestia¡ ¿no te hace?
- ¡vale! -responde Caperucita, que no es rencorosa y ya ha olvidado que el lobo se comió a la abuelita-.

Y allá, que se van los dos, a vivir de aquella guisa. Por el camino se encuentran al gallino y la gallina, y el lobo no pierde ocasión para mostrarse galante con su chica:

- ¿qué te apetece, Caperucita, gallina en pepitoria o estofado de gallina?
- en pepitoria.
- pues saca del petate las perolas, haz un fuego y ponte a pelar las patatas que en un santiamén estoy aquí con la carne.

En dos saltos se planta ante las gallinas, les retuerce el pescuezo y las despluma para su dama.

Y comieron felices que comieron perdices. Bueno, perdices no, gallinas, pero para el caso es lo mismo.

Fín.


Los cuentos contemporáneos tienen estas cosas: que son muy tontos. No dan ni para media moraleja. Aunque podría ser aún peor: podrían ser cuentos políticamente correctos.

Final políticamente correcto de derechas: Caperucita es fusilada por roja.

Final políticamente correcto de izquierdas: Caperucita es fusilada por contubernio con la Opresión tras un juicio instruido por un juez estrella salvapatrias.

sábado, 19 de junio de 2010

El pastor y las ovejas. Cuento intelectual.


Está el pastor muy disgustado con las ovejas que tiene:

- ¡ vaya unas ovejas tontas que tengo! ¡Es que no hacen una a derechas! ¡Vamos, que pongo un circo y me crecen las ovejas enanas!

La mujer del pastor, que le tocó a éste en una rifa, y, con todo, tiene más fuste que él, le recrimina:

- ¿y qué esperas de los animales? Son lo que son y punto. Si hubieran estudiado no serían ovejas. Serían intelectuales, ingenieros....
- ¡pero si yo no quiero tener ingenieros en el corral, yo lo que quiero es que...
- ¿qué, qué? ¿Qué es lo que quieres?
- ¡no lo sé! ¡pero no quiero las ovejas tan tontas que tengo!
- ¿ pues qué esperas de una oveja?


Y así pasan los días. Discutiendo. El hombre pensando en las ovejas tan tontas que tiene y en la mujer que, aunque le tocó en una rifa, no le entiende.

La mujer, por su parte, piensa en lo tontos que son los hombres, siempre queriendo lo que no puede ser.

Las ovejas, mientras tanto, no riñen, sino que comen, pacen, balan, pean y duermen, que la vida son dos días. ¿Quién es el más inteligente de esta historia?

Manifestación.


En una convención de delegados de la industria de concentrado de caldo de gallina se reúne una manifestación de greñudos antisistema. Entre los greñudos hay jipis, adoradores de animales inferiores, primates sindicados, fieras escapadas de un circo y orates de toda condición. Ninguno de ellos sabe de qué va la convención. Les da igual. Quieren destruir. A una señal empiezan a quemar coches, romper escaparates y lapidar policías.

- ¡jo, tío, no me des! -le dice un jipi a un policía, que le arrea en la cabeza-
- ¡déle, déle fuerte, a ver si madura! - le anima un espontáneo al servidor de la ley-
- ¡pero papá! -clama el jipi al espontáneo- ¡que soy tu hijo! ¿no me conoces?
- ¡vaya, ahora que te conviene sales con esas, con que soy tu padre! ¿Y antes, cuando estábais quemando mi coche qué, quién era yo, el lechero?
- eso ha sido por la causa.
- ¿ y qué os ha hecho mi coche a vosotros?
- es un símbolo del sistema.

El policía, que ha asistido al diálogo con total profesionalidad, esto es, sin dejar de atizarle al melenudo, se para, perplejo, ante aquel duelo dialéctico de altura.

- ¡bueno! - se dirige al padre- ¿ entonces le arreo o qué?
- ¡pues claro! ¡ déle, déle fuerte, señor policía, a ver si estos monos peludos aprenden de una vez lo que es respeto!
- oiga usted -gruñe extenuado, al rato, el policía- que no soy de kriptonita, que se cansa uno de tantos palos. ¿No le podía usted haber dado la lección en su momento y así nos hubiéramos ahorrado este trabajito?
- ¡pero es que de pequeño no iba por ahí quemando coches y pidiendo la supresión del orden carnívoro!
- pues tenga usted la porra y siga hasta donde le aguante el pulso.
- ¿de verdad que puedo darle a mi propio hijo?
- ¡claro!
- ¿y, ya puestos, arrearle a los demás, sin abusar, ya me entiende.
- y abusando también.

El hombre toma la porra y la emprende con el jipi, pensando más en las facturas del coche que le quedan por pagar que en la integridad del sistema craneal del intelectual. Por todas partes se viven escenas similares. De vez en cuando se oye un grito lejano: "¡liberemos a las gallinas!" y los manifestantes se encaminan en aquella dirección a quemar nuevos coches.

Son las cosas del melenudismo, acaso un órgano del mismo sistema para purgar los achaques propios de la edad y rejuvenecerse con las sandeces propias de la inocencia. Digo yo.

domingo, 6 de junio de 2010

Suspiros rabíticos.


- no soy nadie -gime un conejo en su jaula-. Bueno, sí, soy un conejo. Pero no me refiero a eso. Me refiero a que no tengo individualidad específica, que soy como éste o el de más allá. Que soy del montón. Sólo en esta jaula tengo más de 50 hermanos y 300 primos. Y ninguno me conoce por mi nombre. Les da igual quién soy. Claro que yo tampoco conozco sus nombres. Pero es que ellos son felices con su ignorancia. Ni se lo plantean.



- en fín -suspira lánguidamente- que no soy nadie y nunca lo seré. Ea.

Pero se equivoca el lánguido conejo: el granjero, entre sus 300 primos y 50 hermanos le ha escogido a él para hacer un estofado.

Y es que todos somos algo. Todos somos un capricho del destino.

sábado, 29 de mayo de 2010

El insaciable.


Adriano Celoenvano es un tipo incompleto. Le falta un dedo para ser feliz. Tiene cinco en cada extremidad, como todo el mundo. Y es esa medianía lo que le hace sufrir: "Ahí van esos -dice con asco, refiriéndose a sus coetáneos- ¡pentaapendicinos, gente sin principios ni ley! ¡pero si yo tuviera un dedo más en cualquiera de mis extremidades sabrían lo que es bueno!"

Adriano tiene un avión, un yate y un siervo filipino que le sirve estoicamente. Nada de eso le hace feliz. "Podría cortarme un dedo. O dos. - gime, desesperado- Cuadroapendicinos se ven menos que pentabobos. Pero no. ¡La cantidad de capullos que hay por ahí que se han caído de un andamio, de un tren en marcha y les han tenido que amputar un dedo! ¡Qué vulgaridad!"

En una cacería con la Reina de Inglaterra captura una boa que se había comido un matrimonio de campesinos. Adriano solicita a su majestad la gracia de un dedo de cualquiera de los infortunados labriegos. Le es concedido el trofeo y se va en su avión sin perder tiempo a una clínica de Hong Kong, a que le pongan el apéndice.

Adriano es ahora un tipo completo. Y feliz. Y único, porque en realidad el dedo es de mandril, que el reptil lo que había merendado era una pareja de mandriles, no de labriegos.

La verdad es incompatible con la felicidad. Eso piensa al menos la Reina de Inglaterra, que no se molesta en llamar a Adriano para interesarse por su posoperatorio, y de paso, aclararle el malentendido: "jope, es que con tantas prisas con las que se marchó -dice, su graciosa majestad- a ponerse el dedo no esperó a que le hicieran la autopsia al bolo alimenticio de la boa y no se enteró que afortunadamente ésta no comió campesinos, sino mandriles"

La navaja de Occam


Pasean dos científicos locos por las desnudas lomas de la Alcarria. Como no tienen de qué hablar, discuten tratando de rebatir el principio de la navaja de Occam con argumentos de geometría sicosocial. Uno de ellos, no habiendo más objeto ni matojo en el horizonte que un cerdo tránsfuga de la pocilga, señalándolo, comenta:

- traza una línea del orto que pase asintóticamente por ese cerdo turulato de ahí y concluya en el nadir, divídelo en grados heptagesimales por las veces que el cociente de la derivada de...

El cerdo, Bruno, que parece que no, pero que les está escuchando, gruñe, complacido:

- ¡vaya! ¡ de modo que soy un cerdo asintótico y turulato! Lo de turulato ya lo sabía, pues va en mi naturaleza. Pero lo de asintónico no. Mola.

No quiere escuchar más de aquel discurso y se encamina orgulloso a la corte, a pasearse en plan asintótico y turulato.
Pronto cunde la noticia del estilo de Bruno, pues el mismo no para de pavonearse, hozando en todos los cenagales que encuentra.

- es que es un cerdo asintótico y turulato, dicen los unos a los otros, con una pizca de envidia, cuando le ven pasar, ufano, frente a ellos.

Bruno es la sensación de la piara. Todos saben que es un cerdo asintótico y turulato. Nadie sabe que es eso de asintótico, pero da igual. Es asintótico, que es algo que ellos no son y eso siempre da prestigio y relevancia social.

Moraleja: O tempora O mores. O no.

domingo, 28 de marzo de 2010

Estaba el antropopiteco (cuento protoprehistórico)


Estaba el antropopiteco aturdido por las verdades esenciales de la vida.

La ética lítica, tal como se la habían enseñado en la era, le angustiaba con dudas existenciales, estresándole sus aún débiles entendederas e imposibilitándole para el beneficio que la certidumbre de la ignorancia causaba en sus paisanos.

- en esta época bárbara, espiritual y atrasada -pensaba- estamos abocados a un relativismo moral que no nos aleja de nuestros primos, los orates.


- la angustia gástrica de estos mentecatos - Y dirigía su mirada melancólica abajo, a la era, donde la tribu hacía una paella de antropopiteco- les impide contemplar la verdad. Reina en nosotros el imperio de los sentidos. Y, sin embargo, nada es lo que parece o dice ser.



- ¿que he hecho en la vida? ¡nada! -exclamaba con desesperación- tengo un porrón de años (tiene 25 años, pues, aunque filósofo, sabe de amarguras y angustia existencial, pero aún no sabe contar). ¡Y no he hecho todavía nada que merezca ser recordado!



- el pleistoceno no es lo que la gente se piensa. No es ningún chollo. No se qué va a ser del mundo. El tiempo está cambiando. Cada vez hace más frío. Los prosboscídeos se extinguen. ¿qué será de mis hijos dentro de un porrón (de un millón) de años?

A su vera, como en la copla, la antropopiteca mira con melancolía a la tribu, abajo, en la era, que devoran a sus hijos en una paella de la que ha sido excluida. Como es deísta, aunque no lo sepa, se despioja distraídamente y se lleva a la boca aquella débil ración de proteinas que será su único alimento aquel día. Aunque quizás no. Se le está ocurriendo una cosa. Una idea moviliza la única neurona librepensadora de su cerebro. Mira con disimulo a su compañero, ese inútil filósofo al que los demás desprecian, que se aleja de los convencionalismos tribales, come verduras y no ha matado jamás a un hermano. Aquel hombre, su marido, es tonto. El de sí que tenía que dar ya lo ha dado. Los hijos que de él ha engendrado se los están comiendo abajo, en la era. Y ella tiene hambre. Disimuladamente toma el puñal fabricado con el colmillo de un tigre diente de sable. Aunque no hace falta tanto disimulo. El antropopiteco está en sus babiecas cuando la otra empuña el puñal y se dirige a él con una certidumbre que el cónyuge dista de sospechar: Esa noche, de cena, va a haber proteínas de filosofía. La única realidad posible en el Pleistoceno y en la posteridad.

Posible moraleja de Gio Ponti: La contemporaneidad es la época en la que conviven simultáneamente presente, pasado y futuro.

Y también: el carácter es para los hombres su destino.

sábado, 13 de marzo de 2010

La hiena y el hieno se quieren casar (canción popular).


La hiena y el hieno se quieren casar.
Y en el juzgado no les admiten por incorrección gramatical.

Por miedo a quedar como incultos (que lo son), no se atreven a preguntar qué es eso y deciden casarse por un rito antiguo y convencional.

un brujo saduceo (un coyote), accede a oficiar la ceremonia, aunque sospecha que la hiena se comió a un primo hermano al que tenía particular aprecio.


antes de proceder al bárbaro sacrificio que es proemio de toda nupcia saducea, el prócer les pregunta si no han comido en día sagrado saduceo (que es el martes, el día que se comieron al primo del prócer). De haber trasgredido esa norma no podrá casarles (pero sí podrá vengar el papelón del primo).

la hiena, que es olvidadiza y ya no se acuerda del festín de coyote que se dió el martes pasado,
jura que jamás habría consentido perpretar tamaña sacrilegio.

ajeno a las teologías saduceas, el hieno se come mientras tanto al hijo del brujo, que oficiaba de monaguillo y le acababa de dar un síncope.

continuará (cuando sepa cómo, y encuentre el modo de meter los palabros dolicocéfalo, lalaloide y abrenuncio en la moraleja final).

La fantástica historia del cerdo que no quiso ser chorizo.


Günter es un cerdo simpático y rollizo. También sentimental. Gusta de los placeres de la mesa y es un ameno conversador para aquellos que entiendan el lenguaje porcinal. Conoce a todos los habitantes del lodazal por su nombre y siempre tiene una palabra de aliento para los acuciados por desórdenes intestinales severos, que es como se conoce entre los puercos al pánico existencial.


En gustos literarios Günter no es un cerdo convencional: aborrece el realismo sucio y le encantan las almibaradas historias de amor con hermosas princesas, ogros tetraploides y quisquillosas madrastras.


Pese a sus lecturas, Günter no se sospecha carne de chorizo. Ni siquiera de jamón. Por eso la vida de Günter es trágica, aunque plácida. Esto es: su vida son sus ocios y su comer. Su ocaso, su deceso, su finadiación, por así decirlo, es acabar en jamón de bellota.

Y no lo lleva bien.

Somos la comida de otros, como otros lo fueron de nosotros, se dice. ¿Qué pinta la cultura en todo esto, se pregunta angustiado? Comemos en vida y al final somos comidos ¿Qué queda en medio? Pues, por ejemplo, que hemos construido el Partenón, que hemos escrito el Quijote, que hemos completado a cómodos plazos una colección de sellos paraolímpicos.

Günter es un cerdo rollizo y simplón. Busca dar sentido a la vida en la ciénaga. Y esa vida no lo tiene. Carpe diem, dicen unos. Vive deprisa, muere joven y sé un bonito cadáver, dicen los más peludos. Bla bla bah. Las palabras se pierden pronto entre las mefíticas brumas del lodazal donde ya nadie se acuerda de Günter.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Retrato robot del seguidor habitual.

Por si acaso cometieran algún crímen ciberpatético, aquí están los retratos robot de los seguidores.


Fernando elaborando un presupuesto a una compañía multinacional.

Fernando calculando las opciones de recompra de la deuda del tesoro público a un interés no reamortizable del 89, tau del 3, iva del 67, crás del 45, y patatín patatán del 82.

César en el hipódromo.

César en el medio palio de Pisa.

Jaime tratando de optimizar sus horas de internet.

Jaime tratando de no perderse ninguna de las miles de páginas nuevas que por segundo surgen en internet.

sábado, 20 de febrero de 2010

Tadeo y los gritos de la casa.


Este es el desdichado panorama que el joven Tadeo ha de sufrir todos los días. Selección de gritos realizada por centegarianas producciones, derechos reservados:


Tío favorito: ¡¡¡¡¡AAggfgh!!!!! ¿¿¿¿¿Quién se ha comido mi yogur griego????

Gabriel: "Abjuro del absurdo del planteamiento epigramático, la insubstaciabilidad inherente a los procesos adiabáticos en entornos plasticogenésicos no liofilizados..."


Papi buscando diminutivos cariñosos: " a ver qué dimi le va bien, a ver... ¡Tady!, no, ¡Tadín!, tampoco, ¡Tuddy!, ay no, mecachis, ¡Tadeinín!, jobar, tampoco, ¡Tudh!, agh, ese sí que no, ¡Tadh!, uy, no se, a ver... "

Mami: "arrorróóó, ajo, ajo, arróóóó, tadeinín, que estás echo un tadeinín, arrorró, arró, ajo ajo...."

Tschuss: ¡pero bueno, otro en el que me estoy dejando todos los cuartos y su tío favorito ya es ese que ni siquiera ha ido a verle! ¿Qué tiene que hacer una para que algún sobrino le considere la tía favorita?


Abuela: "¡Vicente! ¡Ahora mismo vas al simpli y te traes un kilo de lechugas, vas a la pollería y te traes medio de lomo, en el Lidel arreas con cuarto y mitad de chipirones congoleños, miras si está en oferta la mermelada de frutas del bosque compras dos si eso, luego pasas por casa de Jose que te de un paquete y se lo llevas a Chon, y luego vas a... ¡pero bueno, este hombre se ha marchado sin decir ni mú!


Tadeo: Y lo que digo yo: ¿En esta casa cuando se puede dormir uno tranquilamente sin que le den la murga?