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lunes, 24 de noviembre de 2008

El fresco de Raúl.






































Ser grande no es una magnitud corporal. Es un estado del alma. Se puede medir siete metros, jugar en la NBA y ganar diez medallas olímpicas. Pero eso no es ser grande. Es ser abusica.




Ser grande es sentirse bien, estar a gusto con uno mismo y con los demás y querer lo mejor para uno sin que por medio haya que puñetear a los demás. Si uno se siente grande, es grande. Y ya está.



Raúl quiere algo distinto para su dormitorio de Priego. El dormitorio es pequeño, menos de dieciseis metros cuadrados. Pero no importa. Quiere algo grande, si por grande entendemos ese estado del alma que no se contenta con lo realizado y busca siempre nuevas posibilidades.


Y lo más grande, lo mejor de lo mejor, desde luego, es un fresco.



Sólo hay un problema: que al enfrentarte a esos planteamientos no seas capaz de estar al nivel.


A la postre, ser grande es ser simplemente persona.














La tesis de César





















Visitando la casa-museo de Leonardo en Vinci, y observando los estudios de Leonardo sobre las propiedades de la luz, César llegó a la conclusión de que este señor de Vinci había intuido la existencia de los fenómenos cuánticos. A un servidor le parece que al Leo le echan más flores de las que realmente cultivó. Ni siquiera el tío Alberto (Einstein) estaba convencido de las bondades del sistema cuántico, como para que el tío Leo, con su ábaco de colores, desenredara él solito las particularidades del mundo subatómico.

Lo que es seguro es que el tío Leo no se puso a contar puntos cuánticos, como ahora hace César.

Lo que hace César, dicho a lo fino, es algo así como estudiar “ Low lying excitations of few electrons in quantum dots”, que así se llama su tesis doctoral. Lo hace en el laboratorio de nanotecnología de Pisa; y ante el estupor de los escépticos (la mayoría de los primos sopraatómicos), asegura que ahí abajo están pasando cosas realmente emocionantes.


El dibujillo de la portada de su tesis es un amasijo de azulejos pintados al fresco. O sea, frescos portátiles. Representa un guirigay de electrones dando la murga. Como son muchos, no se entiende como interactúan. En cambio abajo, aislados, se puede interpretar lo que quieren contarnos. Es una manera bruta (que no brutta), de contar parte del trabajo de César: fabricar condensadores, trabajar cerca del cero absoluto y ver qué se cuentan esos simpáticos electrones cuando se quedan solos.



César dice que vale la pena lo que cuentan. Y los que entienden de eso dicen que también.

domingo, 23 de noviembre de 2008

FRESCOS CASA MARIANO







En verano de 2005, una influyente autoridad de Tinajas propone a un oscuro artista local resucitar en la casa que a la sazón se esta construyendo, el antiguo y heroico trabajo de las artes de la cal. Antiguo porque es oficio perdido, del que nadie en la zona guarda memoria; y heroico, porque en toda la región, el último gran trabajo del que se tiene noticia, se remonta a los tiempos de la batalla de Lepanto, cuando el marqués del Viso se hizo afrescar el palacio que construyó con el botín conquistado.

No eran pues pequeños los desafíos para el oscuro artista local, del que hasta entonces apenas se conocía su participación en la creación del periódico “El Perigallo del s. XXI”. Pero si eran contadas sus fuerzas, confusos sus conocimientos del tema, y discutible su capacidad para llevarlo a buen término; el auxilio, aliento y mecenazgo de este prócer tinajero, acabaron por sacar a la luz toda suerte de murales, esgrafiados y frescos. La obra se concluyó según los deseos del Pigmalión, los vates locales glosaron debidamente aquella gesta, inundando de sonetos y alejandrinos las calles del pueblo, y es fama que anda en coplas por esos mundos de Dios.