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domingo, 20 de junio de 2010

Buenas intenciones.


- yo a ti -dice el gallino a la gallina- te voy a sacar de picar migajas en el suelo y te voy a poner piso en Alcalá.
- ¡a ver si es verdad! -clama la gallina, complacida-

Y se escapan del gallinero y echan a correr para Alcalá. O lo que el gallino se figura como tal.
- buá, tía -dice el lobo feroz a Caperucita- tú pasa de convencionalismos sociales, arrejúntate conmigo y ¡ála, a vivir a lo bestia¡ ¿no te hace?
- ¡vale! -responde Caperucita, que no es rencorosa y ya ha olvidado que el lobo se comió a la abuelita-.

Y allá, que se van los dos, a vivir de aquella guisa. Por el camino se encuentran al gallino y la gallina, y el lobo no pierde ocasión para mostrarse galante con su chica:

- ¿qué te apetece, Caperucita, gallina en pepitoria o estofado de gallina?
- en pepitoria.
- pues saca del petate las perolas, haz un fuego y ponte a pelar las patatas que en un santiamén estoy aquí con la carne.

En dos saltos se planta ante las gallinas, les retuerce el pescuezo y las despluma para su dama.

Y comieron felices que comieron perdices. Bueno, perdices no, gallinas, pero para el caso es lo mismo.

Fín.


Los cuentos contemporáneos tienen estas cosas: que son muy tontos. No dan ni para media moraleja. Aunque podría ser aún peor: podrían ser cuentos políticamente correctos.

Final políticamente correcto de derechas: Caperucita es fusilada por roja.

Final políticamente correcto de izquierdas: Caperucita es fusilada por contubernio con la Opresión tras un juicio instruido por un juez estrella salvapatrias.

domingo, 6 de junio de 2010

Suspiros rabíticos.


- no soy nadie -gime un conejo en su jaula-. Bueno, sí, soy un conejo. Pero no me refiero a eso. Me refiero a que no tengo individualidad específica, que soy como éste o el de más allá. Que soy del montón. Sólo en esta jaula tengo más de 50 hermanos y 300 primos. Y ninguno me conoce por mi nombre. Les da igual quién soy. Claro que yo tampoco conozco sus nombres. Pero es que ellos son felices con su ignorancia. Ni se lo plantean.



- en fín -suspira lánguidamente- que no soy nadie y nunca lo seré. Ea.

Pero se equivoca el lánguido conejo: el granjero, entre sus 300 primos y 50 hermanos le ha escogido a él para hacer un estofado.

Y es que todos somos algo. Todos somos un capricho del destino.

sábado, 29 de mayo de 2010

El insaciable.


Adriano Celoenvano es un tipo incompleto. Le falta un dedo para ser feliz. Tiene cinco en cada extremidad, como todo el mundo. Y es esa medianía lo que le hace sufrir: "Ahí van esos -dice con asco, refiriéndose a sus coetáneos- ¡pentaapendicinos, gente sin principios ni ley! ¡pero si yo tuviera un dedo más en cualquiera de mis extremidades sabrían lo que es bueno!"

Adriano tiene un avión, un yate y un siervo filipino que le sirve estoicamente. Nada de eso le hace feliz. "Podría cortarme un dedo. O dos. - gime, desesperado- Cuadroapendicinos se ven menos que pentabobos. Pero no. ¡La cantidad de capullos que hay por ahí que se han caído de un andamio, de un tren en marcha y les han tenido que amputar un dedo! ¡Qué vulgaridad!"

En una cacería con la Reina de Inglaterra captura una boa que se había comido un matrimonio de campesinos. Adriano solicita a su majestad la gracia de un dedo de cualquiera de los infortunados labriegos. Le es concedido el trofeo y se va en su avión sin perder tiempo a una clínica de Hong Kong, a que le pongan el apéndice.

Adriano es ahora un tipo completo. Y feliz. Y único, porque en realidad el dedo es de mandril, que el reptil lo que había merendado era una pareja de mandriles, no de labriegos.

La verdad es incompatible con la felicidad. Eso piensa al menos la Reina de Inglaterra, que no se molesta en llamar a Adriano para interesarse por su posoperatorio, y de paso, aclararle el malentendido: "jope, es que con tantas prisas con las que se marchó -dice, su graciosa majestad- a ponerse el dedo no esperó a que le hicieran la autopsia al bolo alimenticio de la boa y no se enteró que afortunadamente ésta no comió campesinos, sino mandriles"

La navaja de Occam


Pasean dos científicos locos por las desnudas lomas de la Alcarria. Como no tienen de qué hablar, discuten tratando de rebatir el principio de la navaja de Occam con argumentos de geometría sicosocial. Uno de ellos, no habiendo más objeto ni matojo en el horizonte que un cerdo tránsfuga de la pocilga, señalándolo, comenta:

- traza una línea del orto que pase asintóticamente por ese cerdo turulato de ahí y concluya en el nadir, divídelo en grados heptagesimales por las veces que el cociente de la derivada de...

El cerdo, Bruno, que parece que no, pero que les está escuchando, gruñe, complacido:

- ¡vaya! ¡ de modo que soy un cerdo asintótico y turulato! Lo de turulato ya lo sabía, pues va en mi naturaleza. Pero lo de asintónico no. Mola.

No quiere escuchar más de aquel discurso y se encamina orgulloso a la corte, a pasearse en plan asintótico y turulato.
Pronto cunde la noticia del estilo de Bruno, pues el mismo no para de pavonearse, hozando en todos los cenagales que encuentra.

- es que es un cerdo asintótico y turulato, dicen los unos a los otros, con una pizca de envidia, cuando le ven pasar, ufano, frente a ellos.

Bruno es la sensación de la piara. Todos saben que es un cerdo asintótico y turulato. Nadie sabe que es eso de asintótico, pero da igual. Es asintótico, que es algo que ellos no son y eso siempre da prestigio y relevancia social.

Moraleja: O tempora O mores. O no.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La Vida asnal y sus ricas moralejas.



En una época aciaga, hordas de pigmeos sodomitas llovían diariamente cual maldición bíblica. En busca de un consuelo imposible a tanto penar, Aurelia me mandó este cuento. Es lo que ha tenido más éxito en mi página. Precisamente el único material que no es mío. Pero no importa, que la moraleja no es particular, sino universal, como seguidamente se verá:




EL BURRO Y EL POZO


Una campesina tenía en la huerta de su casa un pozo profundo, que estaba seco y no servía sino para causar desgracias.

Un día, el asno de la campesina se cayó en el pozo. El animal lloró conmovedoramente durante varias horas, mientras la campesina trataba de decidir qué hacer.

Finalmente, decidió que el pollino ya estaba viejo, el pozo estaba seco y necesitaba ser tapado. Así que pensó que realmente no merecía la pena intentar sacar al burro. Tapaba el pozo, con el burro dentro, y resolvía de un solo golpe dos problemas.

La mujer llamó a sus vecinos para que acudieran a ayudarla a cegar el pozo. Éstos acudieron con palas y empezaron a echar tierra en el pozo. En el fondo de aquel agujero, el burro comprendió lo que estaba sucediendo y comenzó a gimotear con más fuerza.

Pasado un tiempo, para sorpresa de los presentes, el animal se calmó. La campesina miró al fondo del pozo, para ver lo que ocurría y se sorprendió de lo que vio...

Con cada palada de tierra que le echaban encima, el burro realizaba una proeza inesperada: Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba.

Mientras los vecinos seguían echando tierra, él se la quitaba de encima y ascendía un paso más. Conforme iba quedando cegado el pozo, el burro iba asomando. La cabeza primero, y después el resto del cuerpo. Cuando la tierra llegó hasta un nivel cercano al suelo, el burro dio un último salto y se alejó trotando.
Moraleja:

La vida va a echarte encima todo tipo de tierra...La clave para salir del pozo es sacudírsela y dar un paso hacia adelante. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Nosotros podemos salir de los más profundos huecos, si nunca nos damos por vencidos y queremos salir adelante. Sacudirse y dar un paso hacia arriba...

Recuerda las seis reglas para ser feliz:
1. Liberar el corazón de odio.
2. Descargar la mente de preocupaciones.
3. Vivir sencillamente.
4. Dar más.
5. Esperar menos.
6. Tener esperanza.

Y ... a sacudirse...

Que en esta vida hay que ser solución, no problema