Mostrando entradas con la etiqueta mundo ovejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mundo ovejo. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de junio de 2010

El pastor y las ovejas. Cuento intelectual.


Está el pastor muy disgustado con las ovejas que tiene:

- ¡ vaya unas ovejas tontas que tengo! ¡Es que no hacen una a derechas! ¡Vamos, que pongo un circo y me crecen las ovejas enanas!

La mujer del pastor, que le tocó a éste en una rifa, y, con todo, tiene más fuste que él, le recrimina:

- ¿y qué esperas de los animales? Son lo que son y punto. Si hubieran estudiado no serían ovejas. Serían intelectuales, ingenieros....
- ¡pero si yo no quiero tener ingenieros en el corral, yo lo que quiero es que...
- ¿qué, qué? ¿Qué es lo que quieres?
- ¡no lo sé! ¡pero no quiero las ovejas tan tontas que tengo!
- ¿ pues qué esperas de una oveja?


Y así pasan los días. Discutiendo. El hombre pensando en las ovejas tan tontas que tiene y en la mujer que, aunque le tocó en una rifa, no le entiende.

La mujer, por su parte, piensa en lo tontos que son los hombres, siempre queriendo lo que no puede ser.

Las ovejas, mientras tanto, no riñen, sino que comen, pacen, balan, pean y duermen, que la vida son dos días. ¿Quién es el más inteligente de esta historia?

domingo, 14 de febrero de 2010

Aventuras de un cerdo metafísico en la Alcarria.




Andaba un cerdo entre taciturno y alelado, por lomas alcarreñas, una fría mañana de Febrero. Le aquejaban dudas de la mayor gravedad sobre cuestiones básicas de la termodinámica que apenas lograba comprender. Buscaba resolver el enigma de la máquina de movimiento perpetuo, y el principio de la entropía, la entalpía y la madre que los trajo le traía por la calle de la amargura.

En un páramo de los de mi tierra, donde no crece sin esfuerzos mas que el resentimiento y la amargura, vino a nacer esa soleada mañana una delicada margarita. La florecilla, apenas sintió los débiles rayos mañaneros, explotó en una alegría de vitalidad . Para mediodía ya había abierto sus pétalos al sol. Al abrir el capullo, una gota de rocío atrapada en su interior relució al encontrarse con los rayos del sol, refractándolos en miríadas de luces multicolores que se esparcieron por el orbe celeste, como un himno de alabanza al creador de aquella y de todas las maravillas de la tierra.

El cerdo filósofo, que andaba despistado por aquellas lomas, pisó sin querer la margarita, dejándola fatalmente chafada. La delicada florecilla, en cuanto se sintió mancillada por el puerco, rompió a chillar, a tildarle de impío cenutrio, y a quejarse de la ofensa proferida a la dignidad floral por aquella bestia sin sentimientos.

El puerco, en cuanto oyó aquellos alaridos se volvió a ver de qué se trataba y al ver la flor pisada, que le había pasado inadvertida, recuperó su natural porcino, dejóse de tontunas, recordó que aún no había almorzado, ocupado como estaba en resolver el mundo, y de un bocado se la comió.

El cerdo volvió a sus entropías, ajeno a que en el mundo hubiera existido una delicada flor ni ninguna otra criatura del señor.

La moraleja de esta historia se me escapa. Alguna tendrá. Quizás algún día, un arriero tosco y pertinaz se zampó, a su vez, al cerdo, ignorante de que la bestia ya había conseguido solucionar el enigma del movimiento perpetuo. Y de alguna manera se estableció una suerte de justicia poética, quedando la memoria de la margarita felizmente vengada.

Eso sí, de la máquina dichosa del movimiento contínuo seguimos sin tener noticias.