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Bueno, aprender no aprendí mucho, que lo mío nunca fueron las cosas bien hechas. Pero sí que en estos años he podido compartir la pasión por esa forma antigua y mágica de entender el mundo, que es la que proporciona vivir en un taller, mano a mano, con un maestro de verdad. En este caso, una maestra.
Que un maestro no es quien enseña una técnica, que eso viene en los libros. Un maestro es quien comparte un espíritu y lo sabe transmitir a los demás. Pasión y comunicación. Dos cosas que echo de menos en el arte contemporáneo. La cerámica, en casos muy especiales, lo tiene.
Grego siempre lo ha tenido.
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